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El Síndrome De Procusto

El Síndrome de Procusto

Síndrome de Procusto

Por qué a tu alrededor hay personas que no quieres que te vaya bien

Por qué odias al que sobresale

La mente es maravillosa.com Valeria Sabateri

Personas que no avanzan ni dejan avanzar
Ni lavan ni prestan la batea
No pueden verse superados por los demás

Mitología griega
Lo encontramos en cualquier escenario y los llamamos «Trepa»

La conducta de los codazos «boicoteando»

SINDROME DE PROCUSTO
El síndrome de Procusto define a aquellos que, al verse superados por el talento de otros, deciden menospreciarlos. Incluso deshacerse de ellos. El miedo los lleva a vivir en una continua mediocridad, donde no avanzan ni dejan que otros lo hagan.

Según la mitología griega, Procusto, hijo de Poseidón, fue un posadero terrorífico que torturaba, amputaba o mataba a martillazos a todos los que se hospedaban en su casa si su tamaño no coincidía con la longitud de su cama. Si eran más altos, les serraba las partes del cuerpo que sobresalían, y a los que el lecho les quedaba grande, los descoyuntaba a golpes. Este tirano, de estatura descomunal y fuerza desmesurada, terminó probando su propia medicina cuando Teseo (Fué el que peleó con el minotauro y luego Rey de Athenas) le retó a medirse en su propia cama, y le aplicó el mismo castigo que a sus visitantes.

En la actualidad utilizamos el concepto de síndrome de Procusto para definir a aquellos que tratan de deshacerse o de menospreciar a los que son más brillantes que ellos. Son ejemplo de intolerancia hacia lo que es diferente, pero, sobre todo, hacia lo que es mejor. Procusto cortaba la cabeza o los pies de quien sobresalía de su camastro, y muchos compañeros de trabajo y líderes boicotean, humillan y limitan a los que destacan respecto a ellos porque se convierten en una amenaza.

¿COMO DETECTARLOS?
Son muchos los que ansían el poder, ya sea tratando de alcanzarlo por méritos propios o degradando a los que pueden competir con ellos. Todos conocemos a alguien de nuestro entorno que se comporta de esta manera mezquina y ruin, conscientemente o no. ¿Cómo detectarlos a tiempo?

1. Muestran inseguridad y un sentimiento de inferioridad.
Este tipo de individuos se ven amenazados por quienes ellos creen que podrían superarlos.
Que alguien presente ideas mejores que las suyas podría dejarlos en evidencia frente a un superior.
El miedo a perder su posición, poder o jerarquía subyace en estos casos.

2. Están a la defensiva.
Es posible que se trate de alguien que se siente poco creativo, no tan inteligente, menos talentoso que otros.
Cuando se ven frente a una amenaza, una de las soluciones a las que recurren es tratar de adelantarse a su rival.
Pero carecen de recursos para superarse, de modo que en lugar de esforzarse y potenciar sus capacidades, tratan de limitar las de los otros.
Piensan que así terminarán siendo todos iguales.

3. Acaparan tareas.
El nivel de competitividad con el que se trabaja en ciertos entornos implica para algunos querer ganar a toda costa.
Más de uno asume proyectos para los que no tiene tiempo
con tal de que no se los asignen a un compañero que pueda sorprender haciendo un mejor trabajo.

4. Realizan atribuciones irracionales
y pueden llegar a pensar que el hecho de que otros sean brillantes implica necesariamente que ellos no lo son.
Pero la creatividad, la habilidad, la capacidad o el entusiasmo se dan por doquier, no se agotan porque alguien los posea.

5. Rechazan el cambio.
Hay empleados, o jefes, que llevan años en una organización y trabajan a un ritmo determinado, acomodados en su situación.
Verse sorprendidos por alguien con mayor motivación y entusiasmo,
con ganas de cambiar para mejorar, conlleva que ellos tengan que adaptarse también a una nueva forma de hacer las cosas que los saca de su zona de confort.

6. Suelen juzgar las opiniones de los demás desde su propio punto de vista.
Para ellos, sus ideas son las únicas válidas, y todo lo que difiera no tiene cabida. De esta manera boicotean el pensamiento creativo y las ideas del grupo, dificultando el trabajo en equipo.

IMPACTO EN LA SOCIEDAD
Nos han educado en valores como el esfuerzo, la disciplina, la responsabilidad y la perseverancia.
El hecho de ser castigado y humillado por aportar algo a una organización es contradictorio con esos valores.
Las consecuencias pueden ser devastadoras personal y laboralmente para la víctima, que se verá limitada, cuestionada o ridiculizada.
Los efectos también son nefastos para la organización, que pierde ideas, innovación y una sana capacidad de competencia.

Un empresario o un gestor inteligente siempre debería querer rodearse de personas más capacitadas, más creativas y más ingeniosas que él.
Tener talento y aportar un valor añadido en un trabajo es la mejor manera de innovar y crecer.
Y esto implica correr riesgos.
Los empresarios tienen miedo de formar e invertir en empleados que luego vayan a cambiar de puesto.

Quien ejerce el síndrome de Procusto no trabaja en equipo y rechaza la posibilidad de aprender de los que le rodean.
Es más, los fulmina.
Entiende que la manera de ser todos iguales es torpedear a los brillantes.
El miedo a verse superado lleva a muchas personas a vivir en una continua mediocridad,
donde ellos no avanzan pero tampoco permiten que otros lo hagan.

IMPACTO EN EL EMPRENDIMIENTO

Los Procustos constantemente merman el crecimiento de los intraemprendedores por temor a estos, pues son quienes toman riesgos para solucionar situaciones complicadas, mejoran los productos así como la oferta de servicio de la empresa, y continuamente crean nuevas líneas de negocio dentro del mismo mercado.

Sin embargo, estas personas son vistas como una amenaza más que como un factor positivo por aquellos “líderes” empresariales con perfiles tradicionales, pues son sumamente resistentes a la innovación en el ambiente de trabajo. Los directivos tradicionales son el tipo de personas que generalmente se ven más afectadas por el Síndrome de Procusto, pues suele tratarse de mandos intermedios o altos gerentes con la necesidad de ajustar todo el clima laboral a sus requerimientos, a lo que piensan y dicen y después menospreciar a quienes sobresalen en el equipo de trabajo apartándolos del proyecto que estén manejando.

 

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